Carlos Villafañe
Poeta, escritor y crítico taurino Colombiano

Carlos Villafañe Espíritu generoso y selecto, poeta en la vida y en la obra, escritor de inolvidables crónicas, humorista de fina ley, crítico taurino, el autor de “Tierra del Alma” honró la tradición cultural de Colombia. Por los años 20 fue famoso su seudónimo “Tic-Tac”.

Carlos María Villafañe nació en Roldanillo – discreta y amable población del norte del Valle del Cauca – el cinco de abril de 1881 (ver acta de nacimiento), Hijo natural de Josefa Villafañe. Muy niño salió el futuro poeta de su Roldanillo natal, sin terminar primaria, a pie y con los zapatos al hombro, con destino Bogotá.

Era un hombre enjuto, tenía más carnes un grito como decía jocosamente José Antonio Gómez Parra, vestía con menosprecio de su apariencia personal, usaba gafas doradas y sombrero de ala de cucaracha, regalo que le hacía cada diez años, Enrique Santos, Calibán.

En la capital de la República se metió a los círculos literarios y muy joven llegó a ser parte de la “Gruta Simbólica”, de la cual llegó a ser miembro destacado. Fue ésta una reunión clandestina de poetas y escritores bohemios que infringía los toques de queda de la "Guerra de los Mil Días" (1899 – 1902), para hacer sus tenidas de conversaciones, tragos, música, letras y política, por supuesto. Amigo íntimo de Julio Flórez, Eduardo Ortega, Clímaco Soto Borda, Jorge Pombo, emulaba con ellos en la expresión  de la poesía romántica, en el calembour de moda en aquella época, en las aventuras bohemias.

Cronista de estilo agradable y sencillo, escribió sobre diversos temas en los periódicos capitalinos y en otros varios de países suramericanos. Su obra en prosa dispersa en diarios y revistas fue recogida en dos volúmenes titulados “Pathé Journal” y “De sol a sol”, obras totalmente agotadas en su tiempo y no reeditadas por el autor.




Tenía bellas coplas, una de estas:
Cuando en la noche umbría,
tus negros ojos brillaron,
hasta los gallos cantaron,
creyendo que amanecía

Era noctámbulo y escribía acostado en su cama, apoyando el papel sobre las rodillas. Sino escribía salía a caminar hasta la madrugada con una gabardina al hombro y fumando incesantemente pequeños tabacos que consumía sólo hasta la mitad.

Contrasta en Villafañe su delicada vocación lírica con la presencia de un sentido humorístico de la vida que se manifiesta en sus célebres “chispazos”, de los cuales no se ha hecho una colección minuciosa. Se recuerda, entre otros, aquel que contiene una satírica definición de “Capital y Trabajo”, tema sobre el cual los expositores han escrito profusos volúmenes:

“Esta cuestión tan ingrata
es preciso definirla:
el capital . . . es la plata
y el trabajo . . . conseguirla”

Don Antonio Gómez Restrepo escribió a propósito de esta faz intelectual de Villafañe: “Villafañe tiene dos personalidades: la del cronista Tic-Tac, que sobre el suceso  del día teje un chispeante, risueño y a veces hondo comentario y que ha hecho del “calembour” su domicilio propio, y el poeta sentimental y hasta romántico, que canta íntimas tristezas y desconsolados amores. Escribió el poema “Tierra del Alma”, en que ensaya la manera moderna para describir el Valle del Cauca. Hay allí vibraciones nuevas y un modo sutil y extraño de sentir y de pintar la naturaleza”.




En el diario “El País” -  fechado Cali, domingo 15 de septiembre de 1957, página 8 – Mario Carjaval dice: “Villafañe es, de tal modo, un claro y admirable poeta de su comarca, a la cual ha rendido, sin infidelidad ni veleidad algunas, el homenaje de un fervoroso tributo literario. Pocas voces salidas de las generaciones posteriores al numen mágico de Isaacs, han mantenido como la suya ante el paisaje por este glorificado una ofrenda poética de más sostenida intención filial. Su “Tierra del Alma” ha sido y sigue siendo, lo mismo antes, en la juventud, que ahora, en tramonto, la fuente nutricia y surtidora de su emoción y la lumbre indeficiente de su canto”.

Carlos VillafañeSu gran amigo, el también poeta Ricardo Nieto, se expresó así: “No es un juglar de rimas encantadas como se dice de Rostand, ni es tampoco el artífice que, a estilo de Benvenuto, labra pacientemente el mármol de sus versos para sorprender con la pureza de las  líneas y la armonía de los detalles.  . . Es algo más humano, algo que está más cerca de nuestro corazón.
Es el que nos interpreta, el que traduce el dulce sentimiento que nos embarga en ciertas horas melancólicas. . . “

Y Diego Uribe, el poeta que se distingue por el sentimiento, por la serenidad y por la dulzura; dijo que la poesía de Villafañe no morirá: “Las generaciones que vienen la grabarán en su memoria, porque aquellas poesías que tienen en el mar de los tiempos como remeros al corazón, no mueren”

El poeta Carlos Villafañe, siempre estuvo conectado con los altos núcleos directivos del conservatismo – partido al cual perteneció, sin que nunca haya sido un sectario – fue personaje mimado de la gente del gobierno singularmente bajo la administración de don Marco Fidel Suárez de quien fue “edecán presidencial”.




Ejerció numerosos cargos en la burocracia, y fue cónsul de Colombia en Tarragona - España, donde no había consulado pero cuya creación se hizo para que el poeta pudiera gozar de las excelencias de una tierra escogida por él mismo para su recreación espiritual. Retirado Villafañe de ese empleo, fue suprimido.

Regresó al país, después de dejar el puesto consular, desempeñó en Cali un oficio que tenía el nombre de “Juez Nacional de Rentas”. Esto ocurrió ya bajo el régimen liberal. Villafañe fue noctívago y apenas dormía unas pocas horas durante el día. Un visitador del ministerio respectivo se dio cuenta de la ausencia frecuente del poeta, cuya oficina permanecía en manos del secretario. El acucioso funcionario pidió telegráficamente el reemplazo de Villafañe y a los dos días llegó la destitución . . . para el visitador. No sabía el pobre visitador lo que para el prestigio del país representaba el poeta Villafañe.

Cuando se radicó en Cali, el poeta vivió en el hotel Alférez Real, en el cuarto 430 y sin pagar, invitado permanente del dueño, don Hernando Caicedo. En su pobreza Villafañe era generoso, pues los regalos que le hacían sus amigos, los regalaba a su vez a los amigos pobres, a veces sin abrir. Y a veces necesitaba esos objetos.

La mesa del poeta Villafañe era el “rendez vous” de los personajes que llegaban al hotel, presidentes y gobernadores, buscaban su amistad.

Para los vallecaucanos Villafañe es un punto de referencia lírica, sentimental. Lo que ha escrito les llega profundamente. Y de ahí que todos, con hondo fervor cordial, estén en torno suyo, en agradecimiento por todo cuanto líricamente ha hecho por la exaltación de la comarca.

En el año de 1956 regresó a Roldanillo por última vez, cuando la tuberculosis, esa enfermedad de los poetas, estaba en camino para asestar, tres años más tarde, su certero golpe.

En abril de 1958 se le hizo un homenaje en Roldanillo, con el descubrimiento de un retrato suyo pintado por Jesús María Espinosa, que fue puesto en la sede del Concejo Municipal. Villafañe se limitó a llorar de gratitud. Cada vez que le preguntaban por el homenaje, contestaba: “Me colgaron”.




Crónica de su muerte.
(Tomado de la libreta de anotaciones del Sr. Luis Carlos Espinosa)

Su amigo personal el doctor Hernando Caicedo, en el día del entierro del poeta Villafañe no pudo pronunciar las palabras que para la ocasión había preparado, estas nobles palabras descansan en el documento facilitado por el señor Daniel Rojas Espinosa y las cuales ustedes pueden apreciar al dar clic en el siguiente ícono:

Carlos Villafañe, un olvidado cuyo único recuerdo es su estatua, que permanece sentada en el sitio donde vivió en Cali: el parque del hotel Alférez Real. El poeta “de la esperanza trunca”.




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